miércoles, 9 de noviembre de 2011

La hipótesis fantástica

Calpurnia estaba muy nerviosa. Hacía ya un buen tiempo que su abuelo se comportaba de esa manera. Tenía alguna sorpresa preparada para su nieta, eso estaba claro. Pero él no le quiso decir nada. Solamente anunció a su hija que viniera a la biblioteca el día 19 a las once de la mañana. Evidentemente ella ya vino una media hora antes, simplemente no podía esperar más.
Calpurnia, aquí tengo a alguien que le gustaría conocerte. Y estoy seguro que tu también estarás encantada.
Un hombre con mucho pelo en la cara, pero poco en la cabeza entró por la puerta. Calpurnia podía haber jurado que era… “No, no es posible” se dijo a sí misma.
- Hola Calpurnia, mi abuelo ya me ha contado muchas cosas de ti. ¿Podría presentarme? Me llamo Charles Robert Darwin. ¿Como estás?
- ¡Muy bien! Aunque me encuentro raro, como si estuviera viendo a personas muertas… Abuelito, en la desayuna no me habrás puesto un poquito de bourbon en mis cereales, a que no?- dijo la pobre niña, pensando todavía que era una mala broma.
- Eh, no. Y créeme, el alcohol no resucita a personas muertas. ¡Es él, Calpurnia!
Con la biografía de Darwin en la mano, Calpurnia empezó a hacer preguntas al visitante. Él le contestó hasta las preguntas más difíciles que se le ocurrieron, incluso le dio más información de lo que estaba escrito en el libro. Era imposible, pero la seguridad con la cual este hombre viejo le contestaba las preguntas y la cara seria de su abuelo dijeron otra cosa.
- ¿Pero cómo es posible esto? ¿Usted no ha muerto ya?
Calpurnia, la vida tiene una multitud de misterios que aún no hemos podido resolver. A parte, creo que tienes otras preguntas más importantes, ¿no?
Tenía razón. Había mil preguntas que Calpurnia siempre quiso hacer al señor Darwin, pero ella siempre sabía que nunca se las podrá hacer. Pero ahora tenía su oportunidad, probablemente la única. Se pasaron todo el día hablando, sobre el libro de Darwin, sobre el cuaderno de Calpurnia y sus expediciones con su abuelo, sobre los animales, sobre las plantas…

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