Unos años después, en 1904, Calpurnia ya había madurado mucho. Pero el hecho de madurar no le hizo perder sus suenos. Sí, la joven mujer siguió pasando los tardes con su abuelo investigando, explorando y aprendiendo. Habían cambiado muchas cosas en su vida, pero su fascinación por la ciencia, por la natura, por los animales y las plantas no desapareció.
Un día, Calpurnia volvió de sus clases cuando le estaba esperando su abuelo en la entrada de la casa.
- ¡Hola abuelito! ¿Pero, como es que estas aquí? A esas horas nunca te veo en la casa. –
- Calpurnia, tengo una sorpresa para ti. Es mejor que me acompañes y que te lo explique cuando estamos a solas. – contestó el abuelo dejando a Calpurnia con la intriga.
En el camino Calpurnia ya se intentaba imaginar qué podría ser la sorpresa: “¿A lo mejor el abuelo cree haber encontrado otra especie nueva? No, si fuera así, ya me lo habría dicho…“
- Vale, señora Tate, mejor que se sienta. – dijo el abuelo.
- ¿Por qué este tono tan respetuoso, abuelo?
- Porqué a partir de ahora te tengo que tratar con respeto, como a todos los futuros estudiantes de una gran universidad de ciencias.
Calpurnia no se pudo creer lo que acabó de decir su abuelo.
Calpurnia se alegró mucho por su abuelo. Por fin él podía cumplir uno de sus sueños y se fue a Austin a conducir un automóvil. Des de la fira aquella en que el abuelo pudo observar uno, el abuelo no pudo dejar de pensar en cuando podrá probar de conducir él mismo. A la joven niña le hubiera gustado acompañar a su abuelo, pero ella tenía unos exámenes muy importantes y tuvo que estudiar, cosa que para ella no hubiera sido ninguna razón por la cual no venir, pero sus padres lo veían diferente. Calpurnia se pasó toda la tarde estudiando mientras esperaba a la vuelta del abuelo. Cuando ya eran las 9 bajó al salón a descansar un rato.
- Mamá, ¿el abuelito todavía no ha vuelto? –
- No, supongo que se habrá quedado ahí por la noche. O a lo mejor, tal como lo conozco volverá a casa con el automóvil solo para hacerse el chulo. Lo veo capaz. –
Calpurnia también lo veía capaz. Pero no lo hubiera dicho con un tono tan repelente como su madre.
- Quédate aquí, que ahora vamos a cenar. Quería esperar hasta que llegue tu abuelo, pero mejor cenamos ya. A saber cuando volverá. – dijo la madre.
La mañana siguiente, era viernes, Calpurnia estaba muy nerviosa por sus exámenes.
- ¡Mamá, mamá, apúntalo! ¡Hoy, el día 13 de marzo, tu hija, Calpurnia Tate, ha hecho 3 exámenes que eran de los más difíciles y le han ido como si le hubieran preguntado el abecedario! – Gritó con tanta alegría que se podía oír en toda la calle.
Entrando en el salón, Calpurnia se dio cuenta de que todos estaban ahí reunidos. Incluso su padre que en teoría tendría que estar trabajando. Se acercó más y empezó los ojos llorosos de sus hermanos y de su madre.
- ¿Qué ha pasado? – De repente a Calpurnia se le cortó la respiración y notó un sentimiento muy raro en su barriga.
- Calpurnia, tu abuelo… - empezó a explicar su padre, el único que estaba en el estado para poder hablar – Tu abuelo ha tenido un accidente. Y… -
Sin pensar o escuchar más Calpurnia se puso a correr y se fue a su habitación.
Este día ella no paró de llorar. Y en todo día solamente dijo una frase, cuando estaba sola en su habitación mirando a fuera por la ventana: “Te prometo que seguiré el camino que hemos empezado juntos.“







